El fracaso de la derecha

La derecha ha fracasado. Ahora el mundo se dirige a la izquierda. La derecha y su capitalismo voraz, sin control, ha fracasado; ha hundido al mundo en una crisis económica sin precedente en los últimos tres cuartos de siglo. Ha producido miles de millones de pobres y una cuantiosa lista de súper millonarios, aunque proporcionalmente son un número insignificante.

El mundo ya se decepcionó de la derecha y ahora se dirige a la social-democracia; más bien, regresa, como el hijo pródigo, a la social-democracia, a un capitalismo con rostro humano, a un sistema económico y social que ha llevado a países como Suecia, Noruega, Finlandia y Holanda a niveles de desarrollo nunca experimentados por países bajo la férula de la derecha.

Casi toda América Latina está gobernada por la izquierda; Chile, con 20 años de ser gobernado por la izquierda, es la envidia de Latinoamérica; Brasil, gobernado por la izquierda, está llevando al gigante sudamericano a un status de superpotencia.

Con la histórica elección de Barack Obama del partido Demócrata, Estados Unidos se re-incorpora a la izquierda. España está en la izquierda, como lo está Reino Unido. Los países de la ultra derecha y ultra conservadores están en el atraso, como lo están los países autocráticos y totalitarios, aunque algunos de ellos posean enormes riquezas derivadas del petróleo, como es el caso de Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, pero que en el ámbito social están en la era de las cavernas.

Japón ha estado gobernado durante el último medio siglo por el Partido Demócrata Liberal. China es socialista, Rusia se ha movido de un sistema comunista a un sistema de capitalismo de estado, un capitalismo dirigido. La izquierda ha demostrado su superioridad intelectual y cultural.

La derecha reciente, de las dos últimas décadas, se basó en el ‘Consenso de Washington’, un listado de políticas económicas consideradas durante los años 1990’s por los organismos financieros internacionales y centros económicos con sede en Washington, DC, como el mejor programa económico que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento.

A lo largo de la década, el listado y sus fundamentos económicos e ideológicos tomaron la característica de un programa general. El Consenso de Washington (por ‘Washington’, se entendía el complejo político-económico-intelectual que tienen sede en la capital de los Estados Unidos: los organismos financieros internacionales, FMI, Banco Mundial, el Congreso de los EEUU, la Reserva Federal, los altos cargos de la Administración y los institutos de expertos económicos) , incluyó una lista de 10 políticas más o menos aceptadas por el mundo capitalista.

Originalmente ese paquete de medidas económicas estaba pensado para los países de América Latina, pero con los años se convirtió en un programa general con los siguientes componentes: disciplina fiscal, reordenamiento de las prioridades del gasto público, reforma Impositiva, liberalización de las tasas de interés, una tasa de cambio competitiva, liberalización del comercio internacional, liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, privatización, desregulación y derechos de propiedad.

Esta breve lista tomó autonomía y se constituyó en la base de lo que luego se denominaría ‘neoliberalismo’. Como puede verse, Estados Unidos fue el primero en violar sus propias reglas. Esta doctrina ha recibido gran cantidad de críticas. Quizás las más importantes sean las que le formulara Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001 y ex vicepresidente del Banco Mundial, y críticos de la liberalización como Noam Chomsky que ven en el Consenso de Washington un medio para abrir mercado laboral de las economías del mundo subdesarrollado a la explotación de compañías de primer mundo.

Y MÉXICO NO HA SIDO LA EXCEPCIÓN

La derecha en México ha fracasado estrepitosamente. Desde hace ocho años el país desciende en todos los indicadores internacionales, desde los relativos a la competitividad hasta los de desarrollo humano. Es el último lugar en la OCDE en educación y los niños mexicanos reprueban en todas las materias importantes, desde español hasta matemáticas.

El país está sumido en la inseguridad y en la violencia, con 4,541 ejecutados sólo en lo que va de éste año; más muertos que en Irak. La economía no crece; el empleo no crece; los alimentos y los energéticos sí crecen pero en precio, ahogando a una clase media y a una clase media/baja cada día mas pobre. No hay gobierno; el ejecutivo federal comparte la silla presidencial con poderes no electos, con líderes sindicales, con legisladores de la oposición, con las televisoras, con los empresarios.

La corrupción nunca había estado tan patente, tan asfixiante, en todos los niveles. El narco ha penetrado hasta los más altos niveles de la administración, principalmente en el aparato de seguridad, señaladamente en la Procuraduría General de Justicia y las policías; ni el ejército se ha escapado de esa penetración. Calderón y su equipo están cada vez más desprestigiados; la ineptitud e inexperiencia de su ‘círculo compacto’ es cada vez más evidente, incluyendo al finado San Camilo Mouriño (que ahora ya es el Cid Campeador), con quien se disponía a hacer los mas fabulosos negocios entregando a empresas españolas los recursos energéticos de México; de hecho ya lo había empezado a hacer desde que era Secretario de Energía y Mouriño su asesor y subsecretario de Electricidad.

Políticamente la derecha está fracasando; el partido en el poder no ha ganado una sola de las seis elecciones en lo que va del año y se encamina a un desastre electoral para el año entrante. El ala centro-derecha del PRI es el que mejor ha sabido capitalizar la ineptitud del partido derechista en el poder, pues cuenta con la experiencia de gobierno de 71 años y con políticos hábiles y marrulleros, virtudes ambas en la política y de las que carece la derecha.

El gobierno panista ha demostrado, eso sí, una capacidad de aprendizaje de las mañas del PRI que asombra; ya es tan clientelista, corporativista, corrupto y tranza como el mismísimo PRI. Los gobiernos panistas estatales se han distinguido por su voracidad y corrupción y por su ausencia de virtudes democráticas. Son facciosos, represores y farisaicos.

En el plano regional, precisamente México y Colombia, los países atrapados por la derecha, son los que menos crecen y los que tienen las peores cuentas en comercio exterior y balanza de pagos, mientras que la izquierda latinoamericana avanza con tasas de crecimiento que son envidia hasta de los países desarrollados. En materia de crecimiento económico México tuvo en 2007 uno de los peores desempeños de América Latina, sólo 3.1%, superando sólo a los países ‘bananeros’ (con todo respeto) de Belice (3.0%), Nicaragua (3.0%) y Ecuador (2.7%).

Quedó muy por abajo de las economías grandes: Argentina (8.6%), Venezuela (8.5%), Perú (8.3%), Panamá (8%), Uruguay (7.5%), Costa Rica (7%), Brasil (5.3%), y Chile (5.3%). Este año será aun peor; de acuerdo a la Comisión Económica Para América Latina, de la ONU, México tendrá el peor desempeño de toda Latinoamérica, no crecerá más de 2.0%, ¡por debajo de Haití! y no se podrá argumentar que es debido a la crisis financiera, pues todos los demás países han sido afectados de la misma manera.

Políticamente, la derecha ha fracasado también en el desarrollo de la democracia. Con la derecha, en México se ha retrocedido en los avances democráticos. Ante la ausencia de de un liderazgo efectivo del ejecutivo federal, los gobernadores ejercen el poder de manera prepotente, abusiva y despóticamente; muchos de ellos controlan, casi de manera absoluta, a la mayoría de los medios de comunicación estatales, mantienen sometidos a los congresos locales y a los tribunales superiores de justicia, ejercen los presupuestos y demás recursos públicos sin control alguno, intervienen groseramente en la composición y en las decisiones de los institutos locales electorales; cooptan, amenazan o reprimen a no pocos de los líderes de los partidos de oposición y, para colmo, mantienen sujetos a su voluntad a muchas de las organizaciones civiles, empresariales y sindicales que existen en sus respectivas entidades.

Es decir, la mayoría de los gobernadores se comportan como verdaderos ‘señores feudales’, como caciques que convierten a cada una de sus entidades en sus cotos y haciendas. El fracaso de la derecha, representada por el PAN en todas sus modalidades (yunques, ultras, neos, duros, etc.), es rotundo, estrepitoso, contundente; no hay ninguna señal que contravenga esta afirmación.

Es tiempo de las izquierdas en el mundo; es tiempo de una izquierda en México, una izquierda humanista, inteligente, compasiva, constructora de acuerdos, dialogante, tolerante, que vea por el pobre, el débil, el que tiene hambre, el que le falta educación y oportunidades, que tristemente son la mayoría en México.

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*Diplomático queretano. Embajador de Carrera del Servicio Exterior Mexicano. MBA, Universidad de Cornell. Comentarios al fgcossio@prodigy.net.mx


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